A los tres años aprendió a leer español y aun siendo una niña
aprendió latín en veinte lecciones escuchando a escondidas las
clases que eran impartidas a su hermana.
De pequeña sabiendo ya latín, aprendió todo cuanto era conocido
en su época (los clásicos griegos y romanos y tecnología)
“asaltando a la biblioteca de su abuelo”
En México una poetisa quien con entereza se declaró en pro de la
cultura de la mujer mexicana y a través de su obra sostuvo el
derecho a disentir, murió en esta capital el 17 de abril de 1695.
La "Décima Musa", cuyo nombre completo es Juana Inés
de Asbaje y Ramírez de Santillana, nació en la hacienda de San
Miguel Nepantla, perteneciente hoy al Estado de México, el 12 de
noviembre de 1651.
A los 3 años de edad ya asistía con una de sus hermanas a la
escuela de una profesora de primeras letras, por lo que a los ocho
años quiso ingresar a la Universidad de México y compuso el prólogo
para una festividad.
En 1659 su madre la llevó a la capital, donde recibió del
sacerdote Martín de Olivas sus primeras lecciones de latín, idioma
que llegó a dominar con maestría.
Empeñada en el estudio y muy obstinada, recurría al cruel medio
de cortarse el cabello hasta no conseguir aprender lo que deseaba.
El 14 de agosto de 1667 ingresó como novicia a la orden de las
Carmelitas Descalzas, de donde salió pocos meses después duro
aproximadamente tres meses, debido a que no toleró el rigor de la
orden.
Su obra comprende poesías líricas, dramáticas, alegóricas,
sacras, festivas y populares. Escribía de continuo en verso y en
prosa; a beneficio de los pobres, se deshizo de libros y múltiples
instrumentos, hizo confesión general y redactó dos protestas que
firmó con su sangre.
Consagrada al estudio, llegó a reunir cuatro mil libros,
numerosos mapas e instrumentos musicales, pero sobre todo no dejó de
suscitar y crearse envidias y problemas debido a su forma de pensar,
escribir y actuar.
De natural belleza y talento, pronto cobró fama e ingresó en la
corte, como dama de honor de la virreina Leonor María Carreto,
marquesa de Mancera, a quien dedicaría algunos sonetos con el nombre
de Laura.
Aunque admirada y cortejada decidió abrazar la existencia
monástica. Dejó escrito que fue su deseo vivir sola, no tener
ocupación alguna obligatoria que interviniera en la libertad de sus
estudios, "ni el rumor de la comunidad que impidiese el sosegado
silencio de mis libros".
Leía mucho y es de suponer que sus autores favoritos fueron los
clásicos latinos y españoles como Virgilio, Horacio, Ovidio,
Garcilaso de la Vega y Luis de Góngora y Argote.
En 1669 tomó los hábitos en el convento de San Jerónimo, donde
pasó el resto de su vida y falleció de una fiebre maligna,
contagiada al cuidar a sus hermanas enfermas durante una epidemia en
1695, año de su deceso.

No hay comentarios:
Publicar un comentario